miércoles, 11 de mayo de 2011

recompensada

Mi cuerpo empezó a responder la semana pasada. De repente. Como si diese un salto. Y hubiese despertado y dijese: "eh, tú, estoy aquí, puedo con ésto y con mucho más, vamos allá, entrégate". Cada vez se me niega menos. Y miro alrededor y veo toda esa belleza moviéndose entre los sacos y sé lo mucho que me queda. Demasiado. Pero me agarro a esas pequeñas mejoras diarias. Y a esa sensación cuando bajo al vestuario y me meto bajo el chorro de agua. Y pienso en las cosas que me ha dicho M. ese día y que no debo olvidar. Y deseo entregarme más (porque todavía no me entrego todo lo que quisiera). Y tener agujetas nuevas. Y decido la hora a la que voy a volver mañana. Y me voy al metro sabiendo que hoy me he salvado. Un día más de salvación. Esa es la recompensa.

miércoles, 20 de abril de 2011

Hay uno que se ríe de mí porque no sudo. No sudo lo suficiente. No empapo la camiseta como ellos. Yo me río de él porque habla demasiado.

M. se ha propuesto hacerme sudar. Y al final, algo ha conseguido.
Salgo blanda como un trapo y feliz.

Y me acuerdo del momento en que he estado a punto de no ir. A veces es cuando suena el despertador y otra es antes de salir por la puerta, cuando ya tengo todo preparado. Hoy ha sido en el andén del metro. Es un impulso que he aprendido a no seguir. El impulso de abandonar. Para vivir me sucede igual. Tengo que hacer un esfuerzo para llegar viva a la noche. Y entonces desplomarme. Y dejar que todas esas ideas sobre el morir se apoderen de mi. Y al día siguiente, vuelta a empezar.

Cuando quedan 10 segundos para que suene el timbre, M. grita "vamos, seguido, seguido". Quiere que sepas que no has terminado, que hay que llegar hasta el final, pegando sin parar, lo más rápido y fuerte posible.

martes, 19 de abril de 2011

envidio a los hombres que sudan como bestias

la consistencia

La semana pasada aprendí a sacar los brazos, a extenderlos, a protegerme la mandíbula con el hombro, mientras giro de forma extraña y nueva el torso, la cadera y hasta el talón derecho. De repente, me parece que mis brazos abarcan más, llegan más lejos. Parece que se van a despegar de mis omóplatos. Pero no. Es una sensación desconocida, sorprendente. Y parece que mis brazos han estado esperando este momento. Desde siempre.

Se lo dije a P. al despedirme el viernes.
P. respondió.- Es importante aprender y comprender bien las 3 cosas fundamentales, para luego poder hacer las 40 combinaciones. Y sobre todo, para que los golpes sirvan para algo.
Yo.- No sé si mis golpes sirven para algo.
P.- No, de momento, no sirven para nada porque no tienes consistencia.

Así que me tengo que ir haciendo. O algo así. Hay algo que no tengo y que tengo que ir buscando y creando. Cada día. Poco a poco. Mi nueva misión. Está debajo de mi piel.
Ayer J. me dijo que mi puño es femenino. No quise saber más, indagar sobre el significado de esas palabras. Me dijo que en 5 meses, si yo quería, mi puño podría dejar de ser femenino. Y ser útil y peligroso.

(Así que me voy ahora mismo.)

jueves, 14 de abril de 2011

desolación: agua con sal

Esta semana no está M. (el entrenador). Está P. Mi tobillo derecho sigue frágil. Gime cada 3 segundos. Mi trapecio vuelve a contracturarse. Apenas sudo. Toda la semana yendo a Vallecas y sudando con la misma timidez que una gallinita asustada. Vaya una mierda. Quiero empapar mi camiseta como los demás pero este tobillo no me deja no me deja no me deja. Ellos, mientras, sudan tanto que se les ponen ojos de bambi con esas pestañas mojadas. Un chico me regala los últimos gramos de su tubo de radio salil. Un gesto que me emociona.

P. enseña de una forma muy diferente a M.
M. quiere que lo hagas todo, que lo hagas ya, y que no pares de hacerlo. M. grita "vamos, vamos". Hasta que dejas de saber qué coño estás haciendo, los brazos no responden, pero sigues dándole como puedes al saco, de la forma que sea, y el saco se mueve tanto que te marea y el cuerpo se detiene solo, sin esperar a que se le ordenes, cuando llega el minuto más corto de tu vida, el minuto de descanso.
P. en cambio, quiere que salgas con algún concepto claro, que comprendas algo, que tu cuerpo se entere y que mañana recuerde. Te enseña los golpes a cámara lenta, te explica el por qué de las cosas. El por qué siempre tiene que ver con dar mejor y más fuerte. O con evitar que te den. P. nos hace repetir. Pero no quiere que repitamos automatizando. Quiere que pongamos conciencia y voluntad en cada golpe. Quiere el cerebro en los puños, los codos, los hombros, las caderas, los pies.
P. enseña de una forma muy diferente a M. Los dos me gustan. Con los dos aprendo. Pero echo de menos a M. Aunque le tema. Echo de menos saber que está ahí, en algún lugar entre los sacos, y que en algún momento se acercará a meter caña. Él es el alma del gimnasio, como suele decirse. Y si le pides que ponga música te responderá que si quieres música te vayas a la discoteca.

martes, 12 de abril de 2011

a próposito del final, nuestro final

Hoy fue el final. El que me rompe sin que pueda evitar que me rompa. El que estaba esperando.
Y no he podido evitar pensar en el final de Chump Change, esa novela de Dan Fante. Por supuesto, no lo voy a revelar, eso jamás. Pocos leen este blog. Pero es que hay cosas que no se hacen. Arrasar la última patata frita del plato. No devolver un disco preferido. No dejar ni gota de su champú del bueno y caro. Buscar bronca cuando el otro tiene que madrugar al día siguiente.
No desvelar un final apoteósico es de esas cosas que sencillamente, no se hacen. Y hay gente que le encanta hacerlo. En cuanto te quieres dar cuenta, en tres segundos, te han destripado todo.
El caso es que Dan Fante es un cabronazo. La novela no para de despegar, página tras página. Siempre más alto. Más lejos. Y más alto. Hasta alcanzar la desolación y la esperanza. A la vez. Como digo, un cabronazo. Porque escribe la novela que él quiere leer. Y encima hace que parezca fácil.
p.198 "Ansiaba leer algo que mereciese ser leído, las palabras de alguien que hubiese querido expresar la verdad".
Incluso: da igual si lo consiguieron o no. Pero ése es el criterio más acertado para distinguir lo que es literatura de lo que no lo es: hay quien hubiese querido expresar la verdad y hay quien no, hay quien hubiese querido ser famoso, o entretener, o montar un circo, o mirarse el puto ombligo, o ser amado. Pero los cabronazos que no puedes olvidar hubiesen querido expresar la verdad.
Y p. 202 (el personaje hablando del libro de su padre)... "este libro va a cambiar tu manera de ver la literatura. Te despertará como una patada en el culo. A mí todavía me produce ese efecto"
¿Qué tiene ésto que ver con él y conmigo, con nosotros y nuestro final? Todo. Porque yo no quiero dormir. Porque lo más fácil es dormir. Aquí tengo, a mi lado, unas pastillas que además de aliviar los sarpullidos que me entran en mitad de la noche y que me hacen rascarme como una condenada, te duermen en media hora. Sí, lo más fácil es dormir. Pero la cuestión es despertar. Despertar a patadas. No parar de despertar. Sólo necesito libros como patadas en el culo. Para que me cambien la mirada cada día. Para no conformarme con eso que llamaba y llamabas y llamábamos amor.

viernes, 8 de abril de 2011

Conversación escuchada durante el minuto de descanso, antes de volver a los sacos.

A.- Quítate los cascos.
B.- Qué.
A.- No sé cómo puedes ponerte los cascos.
B.- Me motiva.
La música me motiva.
¿A ti no?
El 80% de los gimnasios del mundo entero tiene música, menos éste.
Aquí hay que pedirla a gritos.
A.- Es que M. (el entrenador) es muy ortodoxo.
Éste es un gimnasio para hombres.
B (sabiendo que me río).- Para hombres, y algunas mujeres...
A.- Pues anda que tú, con los cascos y esas vendas rosas que llevas...

Pienso que a M. la música que le gusta es la de los guantes en los sacos, y los pies, las combas, las cuerdas, la respiración, y el reloj que suena cada 3 minutos y 1 de descanso. Esa es la música del lugar. Para qué poner la radio.

jueves, 7 de abril de 2011

descubrimiento:

Sudar me hace feliz.

Me acuerdo de aquello que decía Capote. Algo así como que "los que no imaginan son como los que no sudan: almacenan veneno".
Yo voy a echar fuera todo el veneno. Siento que al menos soy capaz de hacer algo bien si aprendo a sudar. Y cuando todo vaya mal, peor, mucho peor, empezaré a sudar y seré feliz en medio de la mierda y el caos. Ya no habrá besos con las letras de "the end", o con el telón, o con los aplausos, sino sudor. Habrá sudor para que haya final feliz. Y los putos actores y las putas actrices tendrán que sudar para sobrevivir. Y yo volveré a ir al teatro con alegría. Y me sentaré en la 1ª fila para poder olerles.

Y si te duele el tobillo derecho, como a mi hoy, M. sabe la manera de que sigas entrenando sin forzarlo pero sin abandonar. Siempre hay una forma de seguir sin huir.

lunes, 4 de abril de 2011

2º día de entrenamiento

(M., el entrenador, se acordó de mi cuando volví a empezar el viernes. Qué subidón, qué subidón.)

Hoy, al irme.
M.- Has terminado muy pronto.
Yo.- Pero si llevo más de dos horas. Y es mi segundo día.
Y me muero.
Si por ti fuera, me quedaba toda la mañana.
M.- ¿Y dónde vas a estar mejor que aquí?


Tiene razón M. Dónde voy a estar mejor que rodeada de hombres silenciosos que sudan y sacos que bailan en el aire como bailan los muertos cuando nadie les ve. Si no pertenezco a ningún lugar. Si no pertenezco a nadie. Si sólo tengo estos músculos dormidos. Dónde voy a estar mejor que aquí, donde siempre se me va a exigir más, donde nunca es suficiente.

viernes, 1 de abril de 2011

el peso del mundo (para V.)

Ayer. V. y yo hicimos una comida apache y durante 3 horas sólo hablamos de amor. Y no de literatura. Ni del mundo. Me acosté con muy mala conciencia. Creo que pienso que hablar de amor es una pérdida de tiempo y una gilipollez. Y que sólo los idiotas y las mujeres huecas hablan de amor.
Lo primero que he leído a las 7 de la mañana ha sido la página 85 del libro que tiene Aullido (y más cosas) mientras recalentaba el café y me he tranquilizado:
(...)
debemos descansar en los brazos
del amor.
No hay descanso
sin amor,
no hay sueño
sin sueños
de amor-
sean locos o fríos 
obsesionados con ángeles
o máquinas,
el deseo final
es amor 
 -No puede ser amargo,
no puede ser negado,
no puede ser contenido
si es negado:
el peso es demasiado pesado

jueves, 31 de marzo de 2011

"De una manera invisible, la escritura es convocada para destruir, aniquilar un discurso en el que éramos tan desgraciados, en el que estábamos confortablemente instalados, encerrados. Desde este punto de vista, escribir es la mayor de las fuerzas, pues infringe inevitablemente la Ley, todas las leyes, así como su propia ley. Escribir es fundamentalmente peligroso, inocentemente peligroso."
Maurice Blanchot

martes, 29 de marzo de 2011

Esta noche: última cita con Dan Fante. Después: no quiero más personajes borrachos en los libros de, al menos, las próximas 2 semanas. Voy a limpiar el alcohol de las páginas ya que no pude con el de los días.

lunes, 28 de marzo de 2011

4 (o el rechazo)

Querida Calamity:

En realidad no sé si esto es una carta o qué es.

Pienso en nosotras cuando leo: "El movimiento de rechazar es raro y difícil, aunque idéntico y el mismo en cada uno de nosotros desde el momento en que lo hemos captado. ¿Por qué difícil? Porque hay que rechazar no sólo lo peor, sino también una apariencia razonable, una solución que se diría feliz"

Es difícil pero es claro. Y no tiene vuelta atrás. Una vez que se conoce la verdad no se puede seguir viviendo como si nada. No se puede fingir que no se sabe. O se sabe o no. Cuando se reconoce la mentira en la que se vive ya nada puede seguir igual. TODO cambia.

"Hay una razón que ya no aceptaremos, hay una apariencia de cordura que nos produce horror, hay una oferta de acuerdo y de conciliación que ya no escucharemos. Una ruptura se ha producido. Se nos ha conducido hasta esa franqueza que ya no tolera la complicidad."

Blanchot habla de los acontecimientos públicos, de lo que ocurre en el mundo. Pero creo que yo sólo puedo hablar de lo que ocurre en mi cuerpo. Reconozco esa acción de la que habla Blanchot. Y la reconozco en el corazón y también en el coño. Igual que la reconociste, Calamity, cada vez que te marchaste. El rechazo no es una decisión que haya que tomar. El rechazo es inevitable. Sucede. Sucede con desgarro y con júbilo. Y no puede no suceder. Son los órganos que se revelan y rebelan. Y se ponen a prueba.

No ven nuestro cuerpo en peligro cuando nos llaman histéricas y locas y raras. Creen que nuestro NO es insignificante porque tiene lugar en una esquina, en la cocina, en la cama, donde no hay micrófonos. Nuestro NO es tan poderoso como el suyo. Porque no se enfrenta sólo al mundo. Nuestro NO mira a los ojos y ofrece el coño y el corazón con toda su calamidad.

No ven que nuestro pequeño NO es enorme, porque está en cada una de nuestras venas. En cada instante. Incluso cuando amamos. Sobre todo cuando amamos. Y ardemos. Y nos negamos a no arder.

No me olvides,

La Otra Calamidad

domingo, 27 de marzo de 2011

La Otra Calamidad (o la primavera)

Qué tienen de malo mis ganas, mi ímpetu, mi exceso. Por qué te asusto. Por qué te alejas. Por qué tengo que ocultar mis impulsos. Por qué debo contenerme para que no te vayas del todo. Por qué callar. Por qué no decir claro. Por qué amordazar mis músculos para que no sientas la revolución de mi cuerpo. Por qué tengo que esperar arañando cada minuto. Por qué calmarme. Por qué aparentar que “todo me da igual” mientras busco señales. Por qué no hacer magia. Por qué no puedes saber que te lo pediría y daría todo en este instante. Por qué no debo no puedo no debo. Por qué no arrasar. Todo. Lo quiero todo. De un desconocido. (¿Es eso posible? ¿Es que estoy perdiendo la cabeza? Y me da tanto miedo no poder volver si enloquezco…) Pero no pienso mendigar. No quiero las migajas de tu piel y tu tiempo. No me sirven. No quiero ser una más. Porque he aprendido a no conformarme y a marcharme. La página 20 del cómic de Blanchin y Perrissin es quizá la más importante: cuando Calamity se marcha. Ese es el acto de quien se niega a ser absorbido (Apacherías). Y yo también me marcharé. Me marcharé si no puedo tenerte.

viernes, 25 de marzo de 2011

anoche


la azarosa vida

jueves, 24 de marzo de 2011

recién llegada

Entre estas cuatro paredes empiezo a combatir cada minuto a partir de ahora. Mi cuerpo sabe que no tendrá otro cuerpo para entrar en calor. Sólo sábanas nuevas: tiesas y heladas. Mis ojos miran alrededor, una y otra vez, encontrando algo nuevo siempre. Mis ojos se mueven tanto que me dormiré mareada. Mi cuerpo está preparado para despertar mañana y no reconocer nada y no saber dónde está. Mi cuerpo está encogido y tiembla, pero no está asustado. El consejo de mi padre: “vete al bar de al lado y tómate varios whiskies porque si no lo vas a pasar mal esta noche”.

miércoles, 23 de marzo de 2011

lo que escribiría esta noche si supiese escribir

"Quería amarla, y quería que su amor fuera agridulce e incontenible. Quería que su amor fuera distinto al de todos los demás. Quería que su amor fuera la verdadera imagen de Dios. Quería que su amor fuera el tirano que salva el mundo aunque el mundo no quiera que lo salven. Quería que su amor fuera el pan y el vino, y la carne y la sangre."

Sherman Alexie, Diez pequeños indios

esa cosa con plumas que se posa en el alma

Estoy perdiendo la cabeza y la pierdo eufórica, escribiendo cartas. Vivo la alegría con la misma intensidad que el dolor. A veces me sorprende encontrar cierta similitud en este resquebrajarse. Tan cerca de la verdad que no se puede nombrar. No me da miedo enloquecer. Y no quiero renunciar al exceso. Celebro el exceso.
Podría enviar las cartas que escribo, como Emily Dickinson, y encerrarme en mi escondite y emparedar vivos mis deseos. Podría no enviarlas, como Calamity Jane, y tomar la calle y empezar a arder en el asfalto y confiar en la bondad de los desconocidos.
Es decir: enviar mis cartas y vivir dentro. O no enviarlas, y vivir fuera. Qué hacer.
Ellas dos, en realidad, se habrían entendido muy bien. (…the same pain in different ways…) Creo que Dickinson atraviesa en algún momento las Apacherías, pero no sé si lo he soñado. Lo busco y no lo encuentro. Sí, he debido soñarlo. Vuelvo a encontrarme con ella a través de Sherman Alexie, que me pregunta “¿cómo se puede vivir una vida especial si no la interrogas constantemente?”

martes, 22 de marzo de 2011

júbilo


La ferretería de al lado es preciosa, dan ganas de quedarse a vivir allí, y dormir junto a todas esas cajitas de clavos que brillan tanto y tienen nombres extraños, como las estrellas. En la ferretería me siento segura. Rodeada de hombres con callos en las manos. Rodeada de martillos. Nada malo puede ocurrir. Todo va a ir bien, dicen los destornilladores. Compro con el entusiasmo de quien va empezar a buscar oro nada más salir por la puerta. Pienso demasiado en otro y estoy tan alegre que parezco boba. Idiota del todo. No me importa. Debería sentirme fatal pero no me siento fatal. Corro. Cierro los ojos. Mis párpados se beben el sol del barrio entero. Y me da igual que me sangren los dedos meñiques de los pies. Porque mis humildes botas para huir suenan que da gusto.

Woman using rocker in mining operation on Nome beach, Alaska, ca. 1900. (Eric A. Hegg)

lunes, 21 de marzo de 2011

hard times

No sé si las ganas que tengo
son ganas de llorar o follar,
morir o matar.

¿O es todo lo mismo?
En cualquier caso, me aguanto.

cause hard times they come and they go
most of the time they're in the middle of your road
same pain in different ways
don't you know, son, when it pours it rains

(R.B)

miércoles, 16 de marzo de 2011

this little light of mine

Sí. Necesito más música. Toda la música. A la vez. Y hasta el fondo.
Me pondría a Bach entre las costillas. A Sainte-Colombe en las clavículas. A Ryan Bingham entre los ovarios. A Woody Guthrie en las rodillas. Y unas cuantas rancheras y corridos en las mandíbulas. Y a los rumanos en los pies. Y a los demás en los hombros, los codos, las muñecas. Todos dentro sonando y estallando.Y me rompería en añicos. Y mi muerte sería una fiesta. Y hasta yo sabría reírme.
Necesito conciertos. Hoy quisiera saberme todas las canciones del mundo y desgañitarme cantando por la ventana para matar ese silencio insoportable que llevo dentro, en el que puedo escuchar cómo se desgarra algo que no sé cómo llamar. O que no quiero llamar de ninguna manera. Me rompería la garganta esta noche para no escucharlo. Me reventaría a cantar hasta la extenuación para no escucharlo.
Cansarme. Tengo que cansarme. Todavía más. Más. Más. Y mover las putas cajas de cartón de la mudanza. Y sacar. Y colocar. Y frotar. Y arrancar. Y tirar. Tirar mucho. Y cortar. Y clavar. Y mientras, no parar de cantar. Cantar aullando. Cada minuto cantar. Y luego vagabundear por las mismas calles de ayer, como una tonta.
Hoy me ha venido a la punta de la lengua algo que me escribió R. hace unos años:
“y que todo arda
pero que nada se queme
con el alma a toda orquesta
con la pena a todo trapo”
Eso es.Exactamente lo que quería decir.

martes, 15 de marzo de 2011

roadhouse sun

Ryan Bingham ES América. Así que llevo América clavada en las orejas mientras camino y todo se hace más bello. Llevo América sin haber pisado jamás América. Miro los rostros de cada hombre y de cada mujer que me cruzo, y esta voz les da sentido. Todas estas canciones tienen la capacidad de hacer desaparecer lo demás. Sólo quedan las miradas de los desconocidos, restos que recojo con mis ojos. Y yo me entrego a la desaparición a cada paso.
Qué más se puede pedir.

lunes, 14 de marzo de 2011

amar la calle

Todas las luces me acogerán esta noche. Las farolas, los fluorescentes de los escaparates, los faros de los coches, los semáforos. Me abrazarán, me calentarán, me enseñarán canciones nuevas. Porque cuando soy "la otra calamidad" me alimento de asfalto.

domingo, 13 de marzo de 2011

Y después de la faena: vagabundear.

3

Querida Calamity:

Quisiera más brazos. Quisiera músculos. Los músculos de 13 brazos al menos. Quisiera ser toda fuerza y nada más. Ser brazos sin aire y sin sangre. Brazos de apaches, boxeadores, esclavos, marineros, presidiarios, obreros. Brazos para cargar y pegar. Para meter mi vida en cajas sin temblar. Para tirarlas todas de golpe por la ventana y saltarme las escaleras. Me duele todo. Y no por eso dejo de ser una bestia. Creo que tú te largarías de otra manera. Con las bragas, las botas, y punto. Pero yo no puedo. Miro los libros y las cosas y me parece que sin ellos no sabría quién soy. Estaría perdida. Ya sé que dirás que así no llegaré muy lejos. Pero quién sabe qué es lo imprescindible.

No hay que esperar a que ocurran las cosas. Sé hacer que ocurran. Puedo construir. Y también destruir. Y eso es un alivio, Calamity.

Desde un locutorio sin nombre,

la otra calamidad

martes, 8 de marzo de 2011

2

Querida Calamity:

Tengo todas las palabras pataleando dentro. Pero al llegar a la garganta se convierten en piedras. No puedo decir mucho. Voy a Gran Vía a llorar, es como irse al bosque. Nadie pregunta. Miro las botas de todos los escaparates. No son botas para huir. Me siento en una esquina. Plaza de la Luna. O Montera. O Ballesta. Junto a las putas. Y las escucho parlotear en idiomas que no sé ni cuáles son. Y te escribo mientras las putas esperan. Escribo a una muerta. Porque sólo una muerta puede escuchar mis garabatos. No sé si esto es el final. O el principio. O es lo mismo. Pero lo quiero todo. Yo no puedo esperar.

Sigue preparada,

la otra calamidad



Deadwood Gulch from Scribners monthly - 1877

P.D. Hay una cosa segura: sabré reconocer el tronco donde te sentabas a llorar y a escribir si llego a Deadwood. Igual que tú sabrías reconocer las esquinas donde me abandono.
¿No crees que los lugares pueden guardar
nuestras lágrimas y escupitajos, igual que los cuerpos?

lunes, 7 de marzo de 2011

1

Querida Calamity:

No sé si sería todo más fácil con unos cuantos tragos. Tú lo sabrás mejor que yo. Me he despertado con buenas noticias. Pero he tenido la tarde más triste de los últimos tiempos. Todo se derrumba sin remedio. Y aún así creo que podré seguir adelante. Algo se me rompe dentro, pero parece que fuera todo sigue igual. Ahora ya no soy de nadie. No pertenezco a ningún lugar, a ningún cuerpo. Cada uno de sus 206 huesos ha dejado de ser mío. Ni una sola de sus 24 costillas se pudrirá junto a las mías. No podremos ser el mismo fosfato de calcio deshaciéndose en la tierra. Desasosiego. Él se pregunta si no estará ya muerto. Pero yo no, lo sabes, yo no. Resisto para escribirte al llegar la noche. Como si escribirte fuese encender una hoguera. Y me acerco corriendo al fuego. Porque sólo tú eres capaz de derramar un poco de aguardiente sobre m
is heridas. Y lamer mis pestañas chamuscadas. Y no dejarme caer. Sé que vas a enseñarme a combatir mi propio dolor. Aunque no pienso ir a jugar al póker.

Quiero que sepas algo. Cuando digo tu nombre sólo puedo hablar de amor. O de desamor. O del puto amor. O de amor apache. ¿No es lo mismo? ¿De qué h
ablamos (si no es de amor) cuando hablamos del Oeste? Todos se han olvidado de esto. Todos esos hijos de puta que cuentan lo que les da la gana. Como si tú ni ninguna de vosotras hubiese existido jamás. Si alguien vuelve a decir que eres una puta borracha y nada más, se va a arrepentir. Ya lo verás.

Te lleva dentro siempre,

la otra calamidad

sábado, 5 de marzo de 2011

hasta la muerte

Tengo la costumbre de leer la última página de los libros antes de empezarlos. R. me lo enseñó. Es una prueba. Si la última página merece la pena, entonces me voy a la primera. Así que la primera apachería que leí fue la nº 50. Resulta que en México, al amor con sufrimiento se le llama popularmente “Amor Apache”. Y yo me pregunto qué otros amores hay. Descubro que el mío siempre ha sido apache. Y estoy cansada. Llanto, gritos, amenazas, idas y venidas, y luego promesas, calma, sueño y calor. Vuelta a empezar. No quiero venganza. Sólo necesito unas buenas botas para huir. Y que aguante el corazón.


Calamity Jane en la tumba de Wild Bill Hickok en Mt. Moriah

Por qué hay algunos libros que parecen hablarme directamente a mí. Qué hijos de puta. Luego no puedo abandonarles. Voy cargando con ellos en cada mudanza. Son "los escogidos". De vez en cuando los abro por cualquier página, para que vuelvan a susurrarme algo. Creo que a la literatura no hay que pedirle que sea buena o mala. Yo le pido que me hable, que me atraviese, y lo más importante, que me meta prisa por vivir y escribir. Y ahora tengo tanta prisa que corro peligro.

jueves, 3 de marzo de 2011


Actos poéticos = RESISTENCIA
(está claro)

miércoles, 2 de marzo de 2011

Lejía west. Actos de hoy.

1 No parar de leer PURO FAR WEST hasta liquidarlo. El insomnio, si es voluntario, puede ser un acto poético (dependiendo de lo que se haga para mantenerse en pie).
2 Limpiar hasta el último rincón. Lo que llaman "limpieza general", pero empezando a las 7 de la mañana. He combatido las arizónicas y los ácaros. He barrido, fregado, frotado, aclarado, con todo el incorformismo del que soy capaz. He sacado brillo. He cantado aullando. He sudado. Y ya se sabe.

Ahora empieza el día.


Hoy no me extinguiré.

martes, 1 de marzo de 2011

se me ha olvidado decir

...que ya sólo quiero actos poéticos en mi vida, darle sentido a cada uno de mis gestos y a los gestos que me rodean, y no sólo eso, sino que sean "actos, gestos o trazos del que se niega a ser absorbido, asimilado, amordazado o exterminado" (Apacherías). Ese es el único esfuerzo que merece la pena hacer.
La coca cola y las palabras emborrachan, y sobre todo las-historias-que-no-son-historias. Las historias-a-secas aburren, cansan. Pero las historias-que-no-son-historias siempre dejan con necesidad de más. Porque quitan las ganas de dormir. Porque dan ganas de escribir y follar, de chillar y correr y pegar, y de hablar en inglés macarrónico. Porque llenan los minutos como nada más en el mundo. Porque sacan la sonrisa de la garganta y descosen las heridas. Porque pueden encender una hoguera en cualquier bar.
Para que las historias no sean historias, tienen que ser viajes, tesoros, y sobre todo, secretos. Y esos secretos han de ser desvelados siempre como si fuese la primera vez (aunque sea la centésima vez) y tienen que dar vueltas hasta quedarse anclados en algún lugar entre el esternón y los isquiones.

Para que las historias no sean historias no es necesario que sean verdad, pero es mejor creer que así es y que quien las cuenta asegure que no miente.
No hago más que darle vueltas a las “Apacherías”. Literalmente. Las Apacherías se doblan y desdoblan, se despliegan como un mapa, se superponen, te arrastran, te abandonan, las retomas, te pierdes, y a la vuelta de la hoja te sacuden, te recuerdan el indio que hay en ti y las preguntas que una vez te hiciste y luego te esforzaste en olvidar, te despiertan, te llevan del presente al pasado, y al revés, se reflejan como espejitos mágicos del desierto, se alimentan, se pelean, se sostienen unas a otras.
Es extraño. Después de todo, creo que podría morirme sin pisar el Oeste. Morirme esta noche borracha de historias-que-no-son-historias, de apacherías, de revoluciones. Morirme creyéndomelas todas todas todas, como una niña.
Al menos ahora sé que el Oeste no me lo inventé yo.

lunes, 28 de febrero de 2011

la india que hay en mí

Ese libro extraño ("Apacherías") me ha recordado algo, cuando todavía no tenía miedo:




sábado, 26 de febrero de 2011

Odio lo estúpidas que se vuelven algunas mujeres delante de algunos hombres los viernes por la noche. Y todavía odio más darme cuenta de que yo también lo hago. Ponerme estúpida.

viernes, 25 de febrero de 2011

Ríos de caballos y más

En “Apacherías del Salvaje Oeste” (de Javier Lucini) convergen todos los indios.
Indios de juguete. Indios de plástico. Indios de azúcar. Indios en tecnicolor. Indios que no se llevan el premio al mejor disfraz. Indios con ojos azules. Indios pintados. Indios perdidos y rescatados. Indios muertos. Indios desconocidos. Olvidados. Resucitados. Indios de fotografías descoloridas. Indios de pesadilla. Indios que muerden. Indios que lo han perdido todo. Indios que viven en los huecos de los árboles. Y algunos indios vivos. Indios de verdad. Indios expulsados del paraíso. Indios arrastrados fuera del mundo, a partir de la conciencia de la muerte futura, de lo que se acaba y no vuelve. Indios que atraviesan el presente.
“Como apuntaba E. S. Curtis a propósito de los indios en general, no había ni un solo gesto en la vida de Henry que no implicase alguna suerte de ceremonia o no fuese en sí mismo un acto religioso (yo diría mejor: poético)”, cuenta Lucini sobre el poeta crow.
Henry Real Bird está aquí, en todo lo que hace. Respira en esa fractura entre las cosas y el decir de las cosas, a través de esos actos poéticos que dice Lucini. Se sostiene entre el pasado y el futuro, en el presente más doloroso. Se puede sobrevivir a través de la poesía, sobre todo cuando no hay distinción entre poesía y vida, y todo forma parte de lo mismo. En este momento creo que es la única aspiración posible.
Quizá tiene razón Lucini, y la literatura es la única salvación (o acción) para quien se extingue. Avivar la Llama.
Apacherías Apacherías Apacherías Apacherías Apacherías Apacherías Apacherías

miércoles, 23 de febrero de 2011

Rótulas arriba, pelvis delante, trapecios abajo, garganta abierta. Vuelta a empezar. Todavía no estallo, mi riñón único aguanta. La sangre sigue llegando adonde se supone que llega. O eso creo. No tengo certezas. Pero no está del todo podrida. He estado pensando qué sentido tiene todo ésto (el blog, la pantalla, el teclado, las contraseñas), todo ésto que tiene tan poco que ver conmigo. O con mi sangre. No he llegado a ninguna conclusión. No sé si seguir o no, si escribir más, u otras cosas, si vomitar o no, y si me sirve. Sigo sin saberlo. Y vuelvo. Con ganas. Hay lecturas que me devuelven las ganas de todo, que me encienden y me revolucionan, que me hacen más fácil vivir (o convivir) en el mundo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

La enfermedad o la desventaja o la debilidad forma parte de mí. Por qué no asumirlo de una vez por todas. No he saltado vallas, no me he subido a muchos árboles, no he patinado ni sobre cuatro ruedas, no he subido el borde de la acera con la bici, no he sabido nunca hacer el pino. Siempre le han pasado cosas diferentes a mi cuerpo. Conocí el hospital pronto y el sol de invierno, mientras el resto seguía en clase. Era una fiesta. Me hacían sentir fuerte con los pinchazos y las ecografías, y me premiaban con un croissant.
Cada vez que vuelvo a tener un esguince, o a tener fiebre, o alergias, o cuando me toca revisar mi riñón, cada vez que me pinchan, o que se inflaman los ganglios, o que detecto la infección, o que se atraganta una vértebra, o que miro el techo de la sala de espera, o que me duele al mear, o que meo en un bote de plástico, o que espero a que las pastillas efervescentes se disuelvan, hay algo, algo nuevo se revela, arde suavemente.

Y ahora me doy cuenta, qué inútiles fueron mis intentos por aparentar lo que no soy, peleando y mordiendo. La enfermedad continúa. O la desventaja. O la debilidad. Y me sigo preguntando cómo lo hice. Cómo lo hice para ponerme a la altura de los fuertes.
Y no sé si quiero seguir esforzándome.

martes, 23 de noviembre de 2010


y cada vez que toses crees que algo se te va a escapar, un órgano o algo peor, y que nunca más lo recuperarás

miércoles, 17 de noviembre de 2010

enfermedad del alma

Todos los enfermos producían esputos ininterrumpidamente, la mayoría en grandes cantidades, muchos de ellos no tenían sólo una sino varias botellas de escupir al lado, como si no tuvieran tarea más urgente que producir esputos, como si se animasen mutuamente a una producción cada vez mayor de esputos, todos los días se celebraba aquí una competición, eso parecía, en la que, por la noche, se llevaba la victoria el que había escupido más concentradamente y en mayor cantidad en su botella de escupir.


El Frío, Thomas Bernhard

esputo

Noche cuarta. Sigo escupiendo como una condenada, llevo cinco días y cuatro noches escupiendo flemas amarillas sin parar, más o menos húmedas, por la mañana sangrientas. No se terminan nunca. Son mis trabajos forzados. Me acuerdo del pobre Prometeo, encadenado a una roca donde un buitre le devora el hígado. El hígado le crece por la noche, y así el buitre continúa martirizándole. En algún momento mi flema se sigue multiplicando para que yo tenga que seguir escupiendo eternamente.
Ese es el secreto de los castigos de los dioses, tal vez luego alguien venga a salvarte, pero en principio son para siempre. La piedra de Sísifo se le cae una y otra vez y él nunca puede alcanzar la cima. Podría aceptar que un buitre se comiese mi hígado una vez o que un día tuviese que subir una piedra por la montaña. Pero no podría aceptar que eso sucediese sin fin, como no acepto tener que escupir cada medio minuto, y ya llevo cinco días. Siento un pozo en el pecho; no hay corazón, ni pulmones, ni bronquios, sino un pozo inmundo.

martes, 16 de noviembre de 2010

febril

En mi tercera noche luchando con la fiebre empiezo, no sé por qué, a intentar recordar todas las casas en las que he vivido, y luego intentaba acordarme de cómo eran antes de las reformas, y de los colores y papeles diferentes que han ido teniendo las paredes, y cuántas veces y cómo he cambiado la disposición de mis cuartos, y qué posters exactamente hubo pinchados, y qué citas escribí con rotulador waterproof sobre el gotelé, y cómo olía el corcho del suelo, y cómo entraba girando la luz la luz la luz

viernes, 12 de noviembre de 2010

y aguantar

Subirme al bus con los cascos, y apoyar la frente en el cristal, y dejar que rebote, y no ver el asfalto sino el cielo avanzando, e imaginar las vistas que deben tener las azoteas, las terrazas, las buhardillas, y olvidarme de la oscuridad mientras Glenn Gould se me clava en la oreja: así aguanto hoy.

jueves, 11 de noviembre de 2010

¿Qué coño es eso de la "felicidad"?

Estoy harta de toda esa gente que se esfuerza tanto por ser feliz que se lo acaba creyendo y es feliz todo el rato. TODO el rato. Cuando llega, cuando se va, cuando se levanta, cuando se acuesta. Es como si esnifasen alegría o algo, y disfrutasen cada minuto de todo, y siempre las cosas van bien y sobre todo, irán mejor, mucho mejor. Porque esa gente tiene una fe ciega en el futuro, en que las cosas finalmente saldrán, porque se esfuerzan mucho y se lo merecen, y se verán recompensados.
Sea lo que sea, la felicidad, estoy en contra.

Nada de lo que me habían dicho se ha cumplido, nada de lo que yo me había imaginado se ha hecho realidad.

Sólo puedo ocuparme de sobrevivir hoy. Y este odio hacia la gente feliz, la gente que le va bien, la gente que confía y que consigue todo, que acaba lo que empieza, y que parecen seguir una línea recta sin torcerse jamás, me da fuerza. El odio me fortalece. Estar en contra o no estar.


sábado, 30 de octubre de 2010

Sí, estoy llena de rencor y odio. Empiezo a sospechar que no se va a terminar. Seguro que acaba sirviendo para algo.

viernes, 29 de octubre de 2010

resistiendo

En estos días de aislamiento pienso en ese misterioso libro que escribió T.E. Lawrence, Guerrilla, en el que desvela con clarividencia las estrategias del combate en el desierto. Lawrence está convencido de que la guerra puede vencerse sin derramar sangre, es decir, sin librar la batalla. Su idea de guerrilla se basa en la ausencia, en el conflicto a distancia, en la invisibilidad. Lawrence propone “no entrar jamás en contacto con el enemigo, no ofrecerle nunca un blanco”.

Lawrence comprende que la disciplina del ejército regular impone un límite de energía alcanzable, restringe y asfixia la individualidad para obtener el mínimo común denominador de los hombres. Y sabe que la preparación del guerrero debe ser tan meticulosa a nivel físico como moral y espiritual, porque ante el enemigo siempre estamos solos. Lawrence afirma que “en la guerra irregular si dos hombres están juntos uno está siendo despreciado. La tensión moral que implica la acción aislada hace de esta forma de guerra simple algo muy duro para el soldado individual, y exige de él una iniciativa especial, resistencia y entusiasmo”.

Como soldado en el margen le pregunto a Lawrence quién va a recogerme si me derrumbo, si dudo, si ardo, si enfermo.

Lawrence propone ser como el viento, estar en todas partes y en ninguna, siempre en otro lugar, negándole al enemigo un blanco contra el que disparar. No ver al enemigo, ni dejarse ver por él. Desaparecer. Porque “los fantasmas pueden causar mucho miedo a los ejércitos”.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Me gustaría conformarme con seguir
amando lo que siempre he amado.

Es la única forma de no perderme.
Saber a quién y a qué pertenezco.

No aspirar a amar ni más ni distinto,
ni lo nuevo ni lo lejano.

No soporto mi insatisfacción permanente.

martes, 5 de octubre de 2010

Ayer encendí la calefacción. Otra vez. La calefacción es como el entierro del verano, el rito perfecto para olvidar la pérdida de tiempo, los putos fuegos artificiales, los huesos derretidos, las bebidas con limón, los viajeros simpáticos de paso. Porque la gente que de verdad te quiere está contigo en invierno y te aguanta cuando tiritas de frío y te pasa un trozo de su manta. Y no se van por la mañana porque por la mañana es de noche.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

29-S

Miro el mundo desde fuera,
me alegran las huelgas,
los estallidos, envidio las vidas
de los demás, cuando despiertan,
les abrazo con mis ojos secos.

sábado, 25 de septiembre de 2010

septiembre

Vuelvo al blog después de unos meses de silencio y desdicha. Nunca había odiado tanto el verano como este año. Me he dejado asfixiar por el calor y las palabras. El premio Calderón de la Barca ha sido una bofetada para salir de la parálisis cuando ya estaba a punto de abandonar. Hoy me he vuelto a levantar con la sensación de que alguien se estaba burlando de mí...

Me hubiese gustado decir no que vengo de la Resad, sino que vengo de la precariedad. La verdad. No me quejo de no recibir subvenciones para montar teatro, jamás he pedido una. No soy una empresa. Ese discurso lloroso y quejica de los dramaturgos me pone enferma. Llevo desde la adolescencia haciendo todo de forma independiente. Y cuando digo que me he dado muchas hostias no me refiero a que no me han dado subvenciones. Me refiero al dolor que produce no conseguir decir lo que se quiere decir, llegar adonde hay que llegar. En ese sentido es en el que me caigo y me levanto una y otra vez. Escribir no da alegrías, ni siquiera alivia.

Un premio no significa que todo esto que hago valga la pena. Cada día me cuestiono lo que hago, escribo arrastrándome y fracasando, resistiendo. No creo que eso cambie.

No creo que sea un trampolín porque mi objetivo no es saltar y caer en el mundillo del teatro, que es una pasarela terrorífica donde ver y ser visto y de la que no formo parte.

Sé que es contradictorio porque lo que escribo es teatro, y no otro género, pero me siento al margen. Y quizá es mejor que siga así, para no perder del todo la fe.