lunes, 7 de marzo de 2011

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Querida Calamity:

No sé si sería todo más fácil con unos cuantos tragos. Tú lo sabrás mejor que yo. Me he despertado con buenas noticias. Pero he tenido la tarde más triste de los últimos tiempos. Todo se derrumba sin remedio. Y aún así creo que podré seguir adelante. Algo se me rompe dentro, pero parece que fuera todo sigue igual. Ahora ya no soy de nadie. No pertenezco a ningún lugar, a ningún cuerpo. Cada uno de sus 206 huesos ha dejado de ser mío. Ni una sola de sus 24 costillas se pudrirá junto a las mías. No podremos ser el mismo fosfato de calcio deshaciéndose en la tierra. Desasosiego. Él se pregunta si no estará ya muerto. Pero yo no, lo sabes, yo no. Resisto para escribirte al llegar la noche. Como si escribirte fuese encender una hoguera. Y me acerco corriendo al fuego. Porque sólo tú eres capaz de derramar un poco de aguardiente sobre m
is heridas. Y lamer mis pestañas chamuscadas. Y no dejarme caer. Sé que vas a enseñarme a combatir mi propio dolor. Aunque no pienso ir a jugar al póker.

Quiero que sepas algo. Cuando digo tu nombre sólo puedo hablar de amor. O de desamor. O del puto amor. O de amor apache. ¿No es lo mismo? ¿De qué h
ablamos (si no es de amor) cuando hablamos del Oeste? Todos se han olvidado de esto. Todos esos hijos de puta que cuentan lo que les da la gana. Como si tú ni ninguna de vosotras hubiese existido jamás. Si alguien vuelve a decir que eres una puta borracha y nada más, se va a arrepentir. Ya lo verás.

Te lleva dentro siempre,

la otra calamidad

1 comentario:

h i l i a dijo...

en estos temas de amor apache creo que todos somos un poco calamidad.