miércoles, 25 de noviembre de 2009

a otro lugar

Me dan ganas de tirar todo lo que tengo. Todas los muebles de la basura que vuelvan a la basura. La mudanza sería mucho más fácil. Y la nueva casa está tan bonita vacía. Completamente vacía. Cuando hablas retumba la voz. Y las paredes son tan blancas y hace tanto frío que hasta es reconfortante. Esta mañana me he despertado en la habitación sin nada, vestida con la ropa de ayer. Y ya me he puesto a llenarlo todo. En unos días no quedará ni un hueco en las paredes, como debe ser. Las casas tienen que ahogar y dar calor.

martes, 24 de noviembre de 2009

otra vez

Ayer tormenta. Fuimos a comer fuera, y empezamos a lanzarnos los cubiertos, a gritarnos y a herirnos. Me escapé y estuve vagabundeando toda la tarde. Entré en las perfumerías a probar todo lo que pude, a olvidarme de mí. Y en una librería, para salir aún más jodida. Me senté en un banco y luego en otro. Seguí deambulando hasta que hizo frío y entré en una cafetería de viejos y luego en un bar vacío. No lloré. Sólo pensaba: para estar sola mejor estar sola. Sola de verdad, sin nadie. Sentirse sola con alguien es lo más triste. Me reventé la cabeza hasta las doce de la noche. Y entonces volví, para escupirle. Y amarle otra vez.



No sé por qué me dan ahora una beca de dramaturgia, me parece algo insólito. La beca de Cuarta Pared me llega cuando ya lo daba todo por perdido, cuando trataba de curarme las heridas del teatro, cuando ya me daba por muerta. Así que vamos, ya estás escribiendo. Vamos vamos vamos

sábado, 21 de noviembre de 2009

teatritos

Esta obsesión de algunas personas por hacerse ver me pone histérica, es peor que las uñas de un perro asustado arañando la ventana. Los estrenos de teatro no son más que eso: una pasarela donde ver y ser visto, saludarse, felicitarse y, por supuesto, criticarse. Da igual que sea un teatro pequeño o uno grande, todos tienen su jauría de víboras dispuestas a todo. Ésto es lo que más me espanta del teatro, hasta el punto de que hay veces que prefiero no ir. Por pura timidez. Entro en el último momento, y salgo corriendo en la penumbra. Es peor que el facebook, lamentable.

jueves, 19 de noviembre de 2009

sueño

Anoche sólo dormí 3 horas tristes. Soy un deshecho, pero hoy dormiré bien. Me cuesta escribir aquí, no sé de qué tengo miedo. Es peor lo que yo pienso de mí que lo que nadie pueda pensar jamás. Y sin embargo, tengo tanta necesidad de escupir palabras, las que sean... Pero yo misma me martirizo, no hagas ésto, no hagas lo otro, no hagas... y haz haz haz
Hay un abismo entre el deber y el querer.

domingo, 15 de noviembre de 2009

lo único que merece la pena ver


Viendo "La vida loca", la película más brutal que he visto nunca, tenía ganas de morir cada segundo. Y no puedo explicar por qué, no lo sé. Es un documental que roza el límite de lo soportable. Me pasé hora y media, desde el primer minuto, queriendo salir del cine. Pero marcharme hubiese sido un fracaso para mí. Así que me quedé revolviéndome en la butaca, con náuseas que iban y venían.
Quizá si viviese cada día así, en la frontera, si viviese en peligro tendría menos ganas de morir. Esa gente vive medio muerta, sentenciada, pero no quieren morirse ni un solo segundo.
Lo más hermoso de la película era la carne, la piel tatuada hasta el infinito, las heridas cosidas, los ojos nuevos. El cuerpo como única posesión.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Pistas para no dejar de existir

Cuando se termina de leer La subasta del lote 49 dan ganas de empezar otra vez, desde el principio e intentarlo de nuevo. Uno tiene la impresión de no haber sido suficientemente atento, de no haber seguido todas las pistas, de no tener ninguna seguridad o no haber entendido del todo. Es una lectura difícil, para qué negarlo, pero deslumbrante y exquisita.

La novela comienza la tarde que Edipa Maas se entera de que su ex novio Pierce Inverarity ha muerto y la ha nombrado albacea de su herencia. El testamento es el desencadenante del viaje de Edipa, un trampolín para romper con su vida cotidiana –de la que no sabemos nada-, y sumergirse en otras realidades. Más allá de esta aclaración, no tiene mucho sentido resumir el argumento laberíntico y descabellado de La subasta del lote 49, y de hacerlo, Pynchon se reiría aún más de nosotros. La dificultad no estriba en que unas historias vayan sucediendo a otras, sino en el juego de espejos de las diferentes historias, que parecen tener lugar a la vez en épocas diferentes – el pasado trastoca constantemente el presente-. Y lo que es más complejo, en niveles de realidad diferentes. Pero conectadas entre sí. La idea de línea o puzzle plano no sirve para describir estas estructuras, quizá sea más útil la imagen de las matrioshkas, muñecas rusas que contienen otras. A Pynchon le encanta usar otras ficciones, historias dentro de historias, que se entrometen de forma decisiva en la vida de los personajes, como una película en la televisión o una obra de teatro. Igual que sucede en Hamlet, cuando la representación sirve para desvelar un secreto que no puede ser comunicado de otra forma.

En La subasta del lote 49 hay tanto secreto que el lector acaba por olvidarse de ellos. Los secretos no son los que se dice que son. Hay tal exceso de información que no queda más remedio que coger de la mano a Edipa y dejarse arrastrar con ella. El testamento (o pretexto) es el primer enigma de muchos, que Edipa no logrará resolver. Parece como si Inverarity tratase de transmitir un descubrimiento (Tristero) aunque también puede ser la trampa más retorcida de un amante resentido, una burla cruel: enloquecer a la persona amada. Edipa se ve envuelta en una conspiración: en su viaje trasnochado no hay nada casual. Los personajes con los que se encuentra, aparecen y se evaporan dejando pistas, pero van muriendo uno a uno. O abandonando la realidad, como su novio Mucho Maas –que acaba enganchado al ácido- o su psiquiatra, el doctor Hilarius, convencido de que lo persiguen los israelíes para saldar cuentas por su pasado durante la Segunda Guerra Mundial. Edipa acaba por darse cuenta de que está sola.

Y entonces Pynchon escribe un último capítulo, glorioso, donde no trata de dar cerrar la novela dando soluciones sino de seguir abriéndola, desterrándola de sí misma. La herencia, dice al final, es Norteamérica. Puede que éste sea el único momento en que el lector sienta que se satisface su intuición. Después de deambular por los márgenes, del orden al desorden, de lo conocido a lo desconocido, La Subasta se revela como un canto a Norteamérica.

David Lynch ya debería haberla rodado. O incluso Wim Wenders.

Los lugares por los que transitamos con Edipa forman ya parte de nuestros sueños: las autopistas de California, la noche en San Francisco (repleta de símbolos de Tristero), el motel de carretera que se llama Los jardines de Eco, los antros como Al estilo Griego, las canciones de un grupo como Los Paranoides, que regalan botellas de Jack Daniels, la radio, la Clínica Psiquiátrica Hilarius, los almacenes, los bufetes de abogados de Los Ángeles, los cubos de basura bajo los puentes, el club de los enamorados anónimos, organizaciones con siglas tan estrafalarias como R.E.S.T.O.S o N.A.D.A.

El entramado de referencias de todo tipo (Remedios Varo, Shakespeare, los Beatles, La Odisea, por citar las más evidentes), el cruce de lenguajes casi siempre simultáneo (científico, irónico, poético, sarcástico…) e incluso de géneros (fantástico, road movie, cine negro…) no debe espantar al lector. Pynchon es un trapecista que se arriesga con cada palabra, que se impulsa hasta casi desaparecer, que brilla un párrafo tras otro y que, nunca nunca cae. Por si acaso, cuenta con un gran colchón; precisamente ese imaginario norteamericano, que no sabemos si es una fantasía o es real, y que incluso aunque fuese un engaño, asumimos con gozo.

Cuando Edipa vuelve a casa, acude a su psiquiatra con la esperanza de deshacerse de su fantasía. El doctor exclama “¡No lo haga y trátela con amor! ¿Qué otra cosa le queda? Sujétela bien por su minúsculo tentáculo, no permita que los freudianos se la arrebaten con zalamerías ni que los farmacéuticos se la eliminen a fuerza de pócimas. Sea cual fuere, cuídela con cariño, porque si la perdiese, por ese pequeño detalle sería usted como los demás. Y empezaría a dejar de existir.”

Puede decirse sin tapujos que La subasta del lote 49 es una novela necesaria, cuando no tantas lo son. Nos pregunta ¿QUIÉN ERES? como una esfinge y se adentra con descaro en la llaga: nuestra propia realidad como mentira.

Platón también enloquecería leyéndola.

lunes, 9 de noviembre de 2009

matadero

Vengo de ver "La casa de la fuerza", vengo corriendo. Estoy exhausta, mañana encontraré las palabras. Qué sería del teatro sin Angélica, qué sería de esta ciudad. "Amar tanto para morir tan solos". Gracias gracias gracias

viernes, 6 de noviembre de 2009

Kontakthof Mit Damen und Herren ab ´65`

Yo no sé si llegaré a los 65 años, ni siquiera sé si llegaré a mañana. Pero si llego a los 65, quiero ser como los bailarines de Pina Bausch. Y correr de una punta a otra de un escenario, y ponerme vestidos vaporosos, y bailar "agarrado", y reírme con hipo, y llorar sola en una esquina, y mirar a los demás y volver a bailar el vals.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Tanto esfuerzo por ser algo cuando en realidad sé que soy un animal.

rubias

Los hombres prefieren a las mujeres alegres, que lanzan besos desde lejos y no quieren saber nada de la muerte.

lunes, 2 de noviembre de 2009

dispersión

Del verano todavía me quedan muchos libros pendientes por leer. Lo peor de todo es que me rodean, me secuestran a demasiada velocidad, me encapricho por uno y me dejo arrastrar por otro, un capítulo de allí y una contraportada de allá, como si fuesen las cartas de una baraja de madrugada. Leo todos y ninguno a la vez. Tener tantos amantes me impide entregarme. Debería elegir uno al azar y esconder el resto. Ya empieza el otoño, el de verdad.

infinitamente pequeña

Nadie tiene que esforzarse tanto como yo para escribir una frase decente, pura. En los demás todo parece tan fácil... Ellos, los grandes, deben tener todas las palabras en la punta de la lengua. Y para escribirlas sólo tienen que besar y escupir.